Opinión del cliente

Revisado en España 🇪🇸 el 25 de noviembre de 2016
Creo que esta novela es una consecuencia muy lógica de las anteriores, para lo bueno y para lo malo. Con eso quiero decir que a los fans acérrimos de Zafón que disfrutan con el ingenio de los diálogos, las descripciones góticas y a veces algo truculentas, y los personajes en los márgenes de la sociedad llevados a superarse a sí mismos por la trama, les encantará. A los tibios, posiblemente haya cosas que les dejen fríos.
Yo no soy fan acérrima, pero sí una descubridora tardía y maravillada por estas novelas. El hecho de que todas estén relacionadas entre sí y que unas tramas lleven a las otras, como muñecas rusas que se contienen a sí mismas, me parece un logro brillante. Pero en esta cuarta entrega, ese mismo hecho me ha resultado en ocasiones excesivo. Porque Alicia Gris es un personaje tan potente, tan importante y con tanto carisma que me resulta injusto que a veces quede supeditado a la trama "general" que implica que los Sempere y Fermín y otros tengan que estar presentes. Para mí, el libro es ella, y todo lo que se aparta de ella me parece un poco traído por los pelos.
En concreto, yo he estado con la boca abierta hasta el 80-85% del libro. En ese final de la historia de Alicia, me sobran las repetidas apariciones de Bea, que como personaje aquí no me ha aportado nada, o las escenas familiares para que veamos cómo le afecta a Alicia su situación, y sobre todo, me sobran El diario de Isabella y el Libro de Julián. Ambos me suponen un exceso de explicaciones, como si los lectores necesitáramos que nos dieran todo mascado y supermascado para entender las relaciones entre tramas y su desarrollo. Eso lleva a que haya escenas redundantes, que explican cosas que se han comprendido hace mucho. Como leo en otra opinión, no se entiende que Isabella escriba un diario que explica todo con pelos y señales para decir que se destruya a su muerte. En ese sentido, el hecho de necesitar cerrar toda la estructura de la serie al milímetro me parece que le resta frescura. También he leído que a partir de la mitad del libro todos los diálogos son excesivamente ingeniosos, y estoy de acuerdo, porque eso hace que la voz de Fermín, que siempre había sido única, reconocible y peculiar, se asemeje a la de otros muchos personajes que aparecen. Si las agudezas no son solo suyas, el personaje pierde parte de su ser. Para compensarlo y seguir manteniendo una "peculiaridad" que lo distinga del resto, sus diálogos se vuelven más barrocos y retorcidos, y en algunos momentos del final llega a tanto que resultan totalmente artificiales.
En resumen, a mí ma ha resultado una novela brillante hasta casi el final. Pero para la matrícula de honor, me ha sobrado la parte final
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